El cultivo casero de marihuana se extiende por los balcones de Barcelona
Tiempo de cosecha en muchos balcones y terrazas barceloneses. Los consumidores de marihuana se afanan en las últimas semanas en cortar y poner a secar los cogollos que en los últimos meses han cultivado con tesón. Cada vez son más los que recurren al autocultivo para consumo propio, amparados por la legalidad, coinciden diversas fuentes consultadas en el sector. Sus plantaciones vuelven a ser plenamente visibles desde decenas de fachadas de edificios de Barcelona, aunque ahora ya solo quedan las de variedades que se recogen un poco más tarde.

El cultivo casero de marihuana ha avanzado sin pausa en los últimos años hasta formar parte del paisaje cotidiano de los balcones de la ciudad. Barcelona se ha convertido en la capital de esta cultura sin habérselo propuesto. Fuentes de la organización de la feria Highlife, que el año pasado congregó a más de 15.000 visitantes, aseguran que el 60% de establecimientos y empresas de España vinculadas al sector están en Catalunya, donde ahora hay unas 80 tiendas de semillas y productos. Barcelona y su área metropolitana concentran la mitad de las tiendas.
MINORITARIO
Empresarios del sector que comercializan semillas y productos para su desarrollo, destacan que el autocultivo todavÃa representa un porcentaje pequeño –imposible de cuantificar– respecto al consumo global, que no ha dejado de crecer en los últimos años. Sin embargo, coinciden en que las cosechas en viviendas particulares, para el consumo del aficionado, siguen aumentando año tras año.
Algunas fuentes del sector insisten en que la proliferación de tiendas o ferias relacionadas con la marihuana no promueven el consumo, sino que se dirigen al consumidor y lo educan para realizar un uso lúdico de esta sustancia sin correr riesgos ni excesos.
De hecho, desde la Federación de Asociaciones de Cannabis, Jaime Prats –colaborador de la publicación especializada Cáñamo– apunta que el autocultivo es una de las razones de una menor presencia de hachÃs en el mercado negro de la calle. Muchos consumidores de hachÃs se han pasado a la marihuana. “La gente planta y este mercado se consolida, ya no se fuma solo lo que llega de Marruecos”, afirma. Sergio MartÃnez, coorganizador de la feria Highlife en Barcelona, añade otro punto de vista al señalar que los mayores controles policiales y la dificultad de las redes de tráfico de hachÃs para entrar esta droga en España ha animado a muchos fumadores de porros a cultivarlo en casa.
Sea como sea, la cultura de la marihuana se sigue abriendo paso no solo entre los jóvenes –para preocupación de las autoridades sanitarias– sino también en otras franjas de edad. Los defensores de esta sustancia cuestionan sus efectos nocivos y defienden el consumo responsable. Una vez optan por el autocultivo –”para conocer la calidad de lo que fumas y evitar los trapicheos”, dice un cultivador– se sumergen en un universo solo apto para verdaderos aficionados.
En Bio-Tecnic, que en 1998 abrió la primera tienda de Barcelona y una de las primeras de España, aseguran que el cliente mayoritario busca pequeñas cosechas. La inversión precisa para cubrir todo el ciclo de la plantación cuesta entre 60 y 70 euros, señala Marco, responsable del establecimiento, que añade que el sector comercial “está saturado”, tras un boom excesivo de grow shops o tiendas especializadas, que ya recogió este diario hace cuatro años.